Bienvenidos a CEAA

Quienes somos

Quienes Somos

Quienes Somos

Somos un Centro Profesional Terapéutico, que brinda servicios Multisensoriales a las personas con síndrome de Down y discapacidad Intelectual con un enfoque Cognitivo.

HISTORIA

MISIÓN

Dignificar la vida de las personas con síndrome de Down y discapacidad intelectual logrando su plena inclusión.

VISIÓN

Ser la Institución REFERENTE principal en cuanto a la atención de las personas con síndrome de Down y Discapacidad intelectual en el mundo de habla hispana.

Madres Pioneras.

Todo empezó una fría mañana de diciembre de 1986, el día 23 para ser más precisa, recién desperté de la anestesia en la sala de recuperación cuando vi borrosamente la figura de una persona que estaba de pie junto a mí, su voz la percibí distante, cautelosa, incluso temerosa, “¿Usted es la Sra. Raquel López?” me preguntó, le contesté que si intentando incorporarme intuyendo que algo sucedía, y continuó diciendo: ¿Sabía usted que su bebé tiene Síndrome de Down?, un silencio aterrador y ensordecedor se escuchó alrededor de mí y sentí que me desvanecí, solo recuerdo que alcancé a murmurar: No, no es así, usted no sabe lo que dice, al rato que venga mi esposo hable con él, por favor retírese.
Ese fue el inicio.

 

Mi experiencia

Posteriormente me tocó darle la noticia a mi esposo, él cuál no estoy segura de que haya comprendido del todo lo que le dijo solo se limitó a abrazarme y susurrar: “No te preocupes, no te preocupes”. Hubo lágrimas, muchas lágrimas, durante los siguientes días, meses … ¡Inolvidable navidad nos pasamos en el hospital!

La fecha para recibir el resultado del cariotipo era el 13 de enero de 1987, los días pasaban lentos, pesados, pero a la vez, la fecha se acercaba tan rápido que no quería que se llegara, porque sabía que el resultado iba a ser: SE CONFIRMA LA SOSPECHA, SU HIJO TIENE TRISOMÍA 21, y efectivamente así fue y fue devastador.

Aunque lo amábamos muchísimo, nos dolía tener un hijo con esa característica, me dolía haberle fallado a mi esposo al no darle un varón perfecto… como ambos lo esperábamos, eso y mucho más pasaba por mi mente.

Pero, por otro lado, después de que nos confirmaron el diagnóstico, saliendo del consultorio del genetista, nos fuimos directo a una Escuela de educación especial, no quería perder un minuto de nuestra vida, y así con dolor, miedo, vergüenza, coraje y un sinfín de emociones juntas haciendo explosión, empezamos, porque sabíamos que teníamos algo muy importante, que hasta la fecha nos impulsa:  el amor de Dios hacia nosotros y la fe de nosotros hacia él. Aunque algunas veces le pregunté a Dios “¿Por qué Señor, por qué a mí?” sabía que a Dios no se le trata de entender, simplemente se le obedece, y que Dios no se equivoca, y que lo que hace lo hace perfecto y en su tiempo, así empezó nuestro trabajo con Abraham.

 

Mi preparación profesional.

Debo mencionar que no recibimos orientación de ninguna institución, ninguna llamada o visita de algún padre de familia, ni asesoría de algún médico, no teníamos ninguna información que nos guiara, lo que había para él, era las escuelas de educación especial, aunque yo era psicóloga, les contaré la información que recibí en 7mo. Semestre en la clase de Educación Especial de la facultad de Psicología: “los niños Down, al nacer, nacen con el pelo liso, y cuando lloran parecen un gatito maullando, viven muy pocos años y casi nunca hablan”. Con esta información recibí a mi hijo siendo psicóloga, ¡Qué se podían esperar las madres que no tenían preparación de este tipo!

 

Trabajo arduo: ¡Sin prisa y sin pausa!

Empezamos a trabajar día a día, uno a la vez, empezando a informarnos de lo que había que hacer, lo llevamos a revisión médica cuando le tocaba, batallamos mucho con las enfermedades infantiles, pasamos ocasionalmente días o tal vez semanas en el hospital, y los meses pasaban, él iba creciendo y llegaron los logros, uno por uno, lo que se empezó a sembrar desde el 13 de enero de 1987, empezaba a dar fruto y no parábamos, sembrábamos por aquí , regábamos por allá, limpiábamos más acá, etcétera; así día tras día, mes tras mes, año, tras año.

Festejábamos y nos alegrábamos tanto con cada logro que Abraham tenía. Les contaré que cuando le salió el primer diente lo celebramos como si hubiéramos vista la mejor y más completa sonrisa Colgate y lista para un comercial de televisión; cuando se sentó nos pareció que ya era todo niño grande; cuando gateo lo festejamos como si hubiera logrado medalla de oro en esa especialidad; cuando dio sus primeros pasos (26 meses) celebramos como si hubiera ganado el maratón de 42Km de N.Y.

Y cuando dijo sus primeras palabras, mmm … nos sabían a gloria; así como cuando leyó sus primeras palabras, bueno parecía que era un máster en literatura, y que les puedo decir de las graduaciones, cada nivel tiene su encanto, su esfuerzo, su sacrificio, sus lágrimas, sus alegrías.

 

Primeros años de escolaridad

Aún recuerdo cuando terminó el kínder, pensé: así como terminamos kínder, podemos terminar lo que sigue, paso a paso, y despacio que tenemos prisa. Y efectivamente, concluyó: Kínder, primaria, luego secundaria, y un día al término de su educación secundaria él mismo me informó: mamá me dieron la ficha de preinscripción de la prepa, y hay que presentar el examen. Bueno, pues presenta, le contesté, presentó, entró y concluyó la preparatoria.

 

Avanzando…

Posteriormente me di a al tarea de hablar con personalidades de rectoría de la Universidad Autónoma de Nuevo León, para hacerles saber nuestra intensión de que se abriera la Inclusión de personas con discapacidad intelectual al nivel medio superior y superior, porque para Abraham lo lógico era seguir con la universidad, argumentando que no solo lo académico era importante para estas personas, si no que había otras áreas también de  sumo interés , como lo son la social, emocional y lo adaptativo. Se logró una integración a medias, la respuesta fue: si la facultad a la que pretende que entre su hijo, lo acepta, el puede estar, es a criterio del director.

Y no esperamos más, nos fuimos a la facultad de artes visuales y expusimos nuestra situación, y se logró que ingresara como alumno no oficial dentro de la Universidad Autónoma de Nuevo León, inicialmente con materias prácticas en el taller de arte, modelado y pintura, el cual le perfeccionó, orientó y guio, hacia su futuro laboral: SER PINTOR, enseñándole técnicas que por su simpleza o complejidad el pueda manejar de manera autónoma e independiente, y creemos que lo está logrando.

 

Desarrollo Integral

Paralelamente a toda la información académica, teníamos muy claro que un adecuado desarrollo de conducta adaptativa, de disciplina, de límites, de reglas, de obediencia y de respeto, aunado al desarrollo de su espiritualidad, era sumamente importante, de tal manera que nos enfocamos a desarrollar en él los valores que consideramos que todo hijo nuestro debería de tener, y él por ser una persona con síndrome de Down no sería la excepción, al contrario, debíamos trabajar mucho más, más intenso y muchas más veces. Lo teníamos muy claro.

 

Resultados

En la actualidad, Abraham es un joven que se ha realizado en lo que ha deseado, considero que a pesar de las adversidades de la época en que nos tocó empezar, no tuvimos a profesionales tan competentes como los hay ahora, como el CEAA por ejemplo, así que hicimos lo que nuestro corazón dictaba y lo que el sentido común determinaba, la clave fue: No quedarnos sentados a abrazar nuestro dolor, nos sacudimos y aún con lágrimas salimos a abrirnos paso en esa vida que se percibía incierta, tocamos puertas, una tras otra sabiendo que Dios guiaba nuestras vidas.

Y llegamos hasta aquí en donde:

  • EL DOLOR SE CONVIRTIÓ EN FORTALEZA,
  • EL MIEDO SE CONVIRTIÓ EN ESPERANZA,
  • LA VERGÜENZA SE CONVIRTIÓ EN ORGULLO,
  • Y EL CORAJE SE CONVIRTIÓ EN PAZ.

 

Agradecimiento

Hoy, después de más de 21 años, puedo voltear hacia atrás y ya no decir: ¿Por qué a mí? Si no, Gracias, Señor por escoger a esta tu sierva, hágase conmigo, tu voluntad.

¡Muchas gracias!

Lic. Raquel López Reyes